En mis zapatos.

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    Diego le decía a su hermano constantemente: “ponte en mis zapatos”. Trataba de explicarle lo difícil que era ver a su amada cada día y no poder acercársele, no poder decirle que quería formar parte de su vida. Mientras Diego se lamentaba con esto su hermano se burlaba, le decía que era un cobarde por no hablarle, por no acompañarla cuando estaba sola, que era un tonto por enamorarse de ella sin saber su nombre.


    A un par de kilómetros de distancia de la casa de Diego se encontraba Valeria quien al llegar de la universidad le comentaba siempre lo mismo a su hermana: “ponte en mis zapatos”. Valeria le decía a su hermana que todos los días lo esperaba en el mismo pasillo tan sólo para verlo caminar y ver la forma con la que se movía su cabello. Mientras Valeria se lamentaba por no formar parte de su vida su hermana se burlaba, le decía que era tonto preocuparse por alguien de quien no conoce ni su nombre.


    Nadie podría entender la situación que atravesaban éstos que se amaban mutuamente sin saberlo, nadie además de ellos a quienes su miedo a ser rechazados les impedía avanzar, nadie además de ellos que cada día cruzaban los dedos por encontrarse.




Imagen vía: Flickr. Parker Fitzgerald.

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